Asociación de Trabajadores de la Seguridad Social

“En la vida no se trata de encontrarse uno mismo,

sino de crearse uno mismo” 

Bernard Shaw

EL MEJOR GUIÓN

Sólo tenemos seguros dos números en nuestras vidas y ellos son: nuestra fecha de nacimiento y la de fallecimiento y un guión que las separa, pues bien, viéndolo de esta forma todo se resume en que lo importante es lo que hagamos con nuestra vida durante lo que dure ése guión.

¡Ése guión es determinante!

Hagamos de nuestras vidas algo más que un guión, hagámoslas importantes, irrepetibles cotidianamente, incomparables, únicas, indefinidas en su grandeza, por lo menos.

Démosle dirección, sentido y profundidad a nuestra forma de ver el presente, asumiéndolo como esa parte ineludible del futuro inmediato.

Seamos prácticos en las acciones y racionales en el análisis de sus consecuencias. Las acciones rápidas para problemas urgentes no son propias de la madurez. Siempre es importante el análisis de las posibles reacciones a nuestras acciones y por ende sus consecuencias.

No es importante una victoria inmediata frente a otra larga, en tanto ésta sea definitiva; la inmediatez deja muchas situaciones sin analizar y genera insatisfacción, más que gozo.

Es importante definir el horizonte a alcanzar, a sabiendas claro está, que el horizonte es inalcanzable. El ser humano es así, tiene esas metas abstractas, pero a lo largo de su existencia serán las que le permitirán avances sustanciales; no sólo individuales, sino también para beneficio de todos.  Por tanto son esas metas, hacia un horizonte lejano, las que nos permiten satisfacciones constantes, siempre sobre la práctica ensayo – error.

Dejar algo bueno y perdurable para los demás, parece la razón de ser de muchas personas. En el sentido de lo anterior prefiero dejar métodos o formas, tanto de vivir como de actuar en la vida, que cualquier cosa material. Las vidas bien vividas tienen ésa razón principal para ser vividas. Hay otras –claro está- y algunas sólo generan frustraciones constantes, y lo más lamentable, cuando están dedicadas a la avaricia, codicia, abuso, etcétera, están perdidas; y lo peor: sólo se vive una vez.

Todo está al alcance de todos, para lo  material están los medios de apropiación, para el saber la educación, para la guerra las armas; por eso es importante definir hacia donde conduciremos nuestras vidas y que pretendemos para vivirlas. En la opción está el sentido.

 

El liderazgo y lo colectivo

Evidentemente que algunas personas “vienen” al mundo para generar destrucción, otros para apoyarles, pues su cobardía es tan grande que no pueden hacer otra cosa que apoyar al destructor. Otras, en la simplicidad de su condescendencia por lo establecido, no se oponen y terminan siendo cómplices necesarios de los anteriores, y, finalmente están aquellos que, simplemente, consideran que la destrucción para la apropiación es un paso más hacia la alienación y deciden enfrentar a todo aquel que pretende destruir, a sabiendas que serán parte de ésa destrucción, pero que seguramente sobre ella fundarán un nuevo orden social, cuyo fin posible es que será mejor al actual.

La razón de una pelea, no es la pelea en sí misma, sino que su resultado sea el cambio, y que se definan nuevos contendientes, hecho que no se resume en que haya vencidos y vencedores. Se trata que ambos bandos concluyan que las razones que llevaron a la contienda, deben concluir en una razón que satisfaga a ambos. No se construyen sociedades sobre la base de la diferencia permanente, sino en el respeto por la diversidad. Y esto que es válido para la sociedad, es más válido aún para la construcción de la familia trabajadora.

Lo difícil de muchas situaciones o problemas, es comenzar a ordenar o mejor dicho encarar, y por tanto, reconocerles como problemas, sus complejidades, sus debilidades, de manera racional.  Esto que debería ser siempre así, en los hechos no lo es, principalmente en los colectivos. Algunas veces por las particularidades de algunos de sus integrantes para comprender, para identificar y aprehender la situación a analizar, y, otras por la aparición de egos, o por promover “avances” hacia posiciones cada vez más antagónicas que dificultan e incluso pueden llevar a la no resolución de la situación o problema concreto. Es por tanto aquí donde residen las mayores complejidades de los problemas de la vida sindical.

Trabajar en colectivos con afinidades en lo ideológico, en los fines y en los proyectos, es bastante sencillo, aunque no totalmente pues tiene sus peculiaridades; si es lo suficientemente sencillo, como para ahorrar tiempo en chácharas banales, e incluso más, pues permite identificar rápidamente el problema y definir cómo actuar en consecuencia, tanto en estrategia como en táctica.

Por tanto trabajar en colectivos con pocas afinidades entre sus integrantes, conlleva dificultades principalmente para avanzar hacia soluciones satisfactorias para la mayoría. Si bien, es muy posible que el problema pueda ser identificado rápidamente, las estrategias para su resolución, planteadas sin complejidades, generalmente muestran que el problema radica en los liderazgos que deben llevar adelante lo resuelto.

Los liderazgos serán buenos o malos. Para muchos serán buenos mientras no se contrapongan con lo resuelto y se actúe de acuerdo a lo que la mayoría entienda como bueno. Esto siempre acarrea una dificultad que se presenta cuando el líder no es natural y en muchas ocasiones ese líder debe resolver o aplicar alguna táctica diferente, durante el desarrollo de la estrategia acordada, que la más de las veces genera rispideces entre los miembros del colectivo, y que, desemboca en críticas al liderazgo, transformándolo en malo, negando por tanto, que dentro de la estrategia definida, será el líder quien defina en distintos momentos la táctica a emplear. Es acá dónde aparecen los egos y la pretensión de nuevos liderazgos. Lo que en definitiva debilita la organización y opera contrariamente a la obtención de los objetivos por los que se lucha.

Particularmente considero que el liderazgo significa dirección, confianza, empatía y por sobre todo despojarse de intereses particulares para hacer primar los de todos. Nada fácil. Muy gratificante, aunque sacrificado.

 

Amor por los demás y por las tareas a realizar colectivamente

La forma de planificar ciertos temas siempre es importante.

Puedo decir entonces, que sólo un amor grande (infinito) es el que puede infundir un gran dolor cuando ves a aquellos que amas sufrir. Evidentemente lo anterior parece simple, sencillo, incluso banal, sin embargo pocos pueden expresarlo diariamente, sentirlo y también padecerlo.

A esta altura puedo decir que he comprobado muchas cosas que mis mayores me habían dicho y que son verdades irrebatibles, ya que fuera de todas las diferencias que tengamos; cuando digo diferencias no sólo me refiero a las del color de la piel, a la orientación sexual, a las religiosas, y a todas…, todas las que en la inmediatez mental se les puedan ocurrir, podamos tener.

Quiero ejemplificar lo anterior con una anécdota muy personal y es que muchas veces ante problemas que se presentan vienen a mí las palabras de mi abuela, cuando en la noche, de un cuarto a otro nos decía a mi hermano y a mí: “terminó el día y hay que reflexionar sobre lo que hoy hayan hecho, en lo que se hayan equivocado sin intención, mañana podrán enmendarlo y lo bueno que hayan hecho, podrán mejorarlo, manteniendo la esperanza y haciendo lo que esté a su alcance para que llegue el día en que sólo lo bueno tendrá valor y solo eso necesitará de ustedes para que sea mejorado”.

Siempre tuve presente esas palabras, y sólo en la madurez comprobé que nunca es suficiente lo que hago todos los días por los demás, ya que siempre está la posibilidad de hacerlo mejor, y si lo he hecho bien, seguro mañana podré mejorarlo.

He vivido el miedo, le conozco, y también he aprendido a enfrentarlo y estoy convencido que siempre le he “ganado” (lo digo así para que se entienda, aunque la palabra ganar provenga de competir), y puedo decir, con total convencimiento, que la cobardía es la que hace que el problema del miedo sea, para algunos, que cuanto más se alejan de él menos le controla, sin embargo considero que solo aquél que lo enfrenta es quien toma el control sobre él.

En el sentido de lo anterior es con certeza que podemos expresar que son muchos los compañeros que no saben nada de la época oscura lejana –pasado reciente- tan presente hoy. Las maniobras de la derecha para perpetuarse en el poder, el capitalismo neoliberal presionando con mucha fuerza, y generando miedo a través de los medios de prensa. Es ese miedo al que me refiero, y también al otro; al que se inventa cotidianamente, con la amenaza del desempleo, o con el aumento de la pobreza, cuando la realidad fría y dura nos dice que la inflación está bastante controlada, sin embargo los grandes empresarios siguen elevando los precios, y la oligarquía se apodera de las consignas que otrora fueron del campo popular, etcétera. Es en estas cosas donde debemos detenernos. El capitalismo luego de sus ciclos de crisis, deviene en un apoderamiento mayor de las riquezas y nuestro país no escapa a estos embates. Y estas situaciones cuentan con un frente único de resistencia que no es otro que los sindicatos y la unidad de los trabajadores.

Pero también el miedo aparece cuando dentro del grupo dirigente, en los sindicatos, empiezan a “inventarse fantasmas”, a criticar equivocadamente, principalmente sin autocrítica previa por algunos compañeros, lo que se ha logrado frete a lo que resta por conquistar. Quienes estamos en los lugares que estamos, debemos antes que nada respetarnos, no considerarnos mejor que nadie y por sobre todo tener claro que somos los más iguales entre iguales.

Quizás se pregunten porque hablo de estas cosas, es sencillo: en estos últimos tiempos he presenciado un “intercambio de palabras” entre compañeros y compañeras y al otro día algo similar y puedo decir que el dolor es enorme. Es tan indescriptible como el inmenso compañerismo y fraternidad que siento por ellos. Se de sus sensibilidades, de sus debilidades, de sus dificultades, en algunos casos su total falta de formación y experiencia sindical; avizoro sus y los problemas futuros si trabajadores así logran hacerse de la dirección sindical y trato de emplear la frase de mi abuela que mencioné antes, y les digo con total sinceridad que no encuentro la forma para que una frase tan sabia, pueda, en estos tiempos ser entendida, comprendida y llevada a la práctica, por gente así.

Lo importante es saber que la mayoría no piensa ni actúa así y luego de esta última Asamblea Delegada se han fijado los cimientos para una nueva forma de hacer sindicalismo, algo por lo que hemos bregado durante años, enterrando definitivamente las insinuaciones, las acusaciones y las impugnaciones sin pruebas.

En mi “pequeña cabecita” de hombre sencillo, de trabajador y dirigente  responsable, cuidador de mi familia y de todos los compañeros que integran el sindicato, ha rondado una palabra que quizás sea la clave de una parte del problema: TOLERANCIA.

Sobre esto puedo decir que en el sindicato aprendí mucho sobre la tolerancia. Aprendí mucho –reitero-, aunque mucho siempre sea insuficiente, lo que no significa que no tratemos de tenerla y que sea cada vez mayor.

Por eso estas simples líneas están dirigidas a todos aquellos compañeros y aquellas compañeras que aún mantienen viva la esperanza de que es posible una sociedad más igual, más solidaria, más justa, más humana, más unida, porque para que ello suceda deben ser muy tolerantes y saber que nunca será suficiente.

 

La lucha cotidiana y permanente

Nosotros hemos luchado durante años para transformar la ATSS en un paraguas que cubra a todos por igual, basados en principios sencillos y sabiendo que tenemos mucho para dejar a todas las generaciones nuevas que hoy acceden a acompañarnos en nuestras labores cotidianas.

No somos ajenos a lo que sucede a nuestro alrededor. Los compañeros jóvenes tampoco, pues ellos lo ven en sus hogares, donde comprueban la realidad de sus padres, hermanos y abuelos, que para nada es una realidad ajena a la nuestra o a lo que nos sucede cotidianamente, o sea ven la injusticia, escuchan sobre la competitividad en los lugares de trabajo, sobre la falta de fraternidad y la debilidad en que se sustenta el compañerismo.

Hoy que la administración “empuja y empuja” un sistema que lo único que trae consigo es división, con la consecuente pérdida de fraternidad, y unidad, derivada del rompimiento del trabajo en equipo y el fortalecimiento del individualismo, que tanto se criticara y que sabemos que es el corazón de sentimientos tan nefastos para los trabajadores, como son la competencia, la avaricia, la envidia, el inconformismo, aquello que resumíamos en la frase: “hacé la tuya”.

Tampoco desconocemos que muchos compañeros jóvenes, y no tanto,  consideran que los cambios se han transformado en acciones tremendamente burocráticas y eso les desestimula. En estos casos consideramos que debemos conjuntamente buscar las alternativas, a sabiendas que las soluciones no son inmediatas.

Las dificultades son las mismas y por eso son una de las tantas razones que deben unirnos, para sortearlas colectivamente.

En esta sociedad cada vez más competitiva, proteger la flama de esta vela que es el sindicalismo, es una tarea de gran responsabilidad y pasarla a los jóvenes es símbolo de integridad personal y como trabajadores un compromiso con el futuro.

Estamos dando pasos firmes diariamente.

Negociando las reivindicaciones, enfrentando los problemas que se presentan… esas cosas que les permiten a otros dormir sin preocuparse por ellas, a sabiendas de nuestra integridad para resolverlas lo mejor posible, estamos construyendo futuro.

Pues, atendiendo un reclamo, atendemos los de muchos. Escuchando a un compañero, escuchamos a muchos. Sin embargo esto tan sencillo, que es el sindicato, funciona por la acción de todos. De una forma u otra se fortalece o debilita por acciones u omisiones de unos pocos como también de todos, porque en un trabajador sindicalizado se conjuga el sindicato y por tanto en uno estamos o somos todos.

Entender que recurrir al sindicato es comprometerse primero en la defensa de la herramienta a la que se recurre y en su fortalecimiento constante para que sirva a los que luego recurran a ella, es la clave de su supervivencia.

En esta sociedad tan consumista, podemos decir con vergüenza que hay quienes consideran que el sindicato es un dador que a su vez recibe para nutrirse y así poder dar consecutivamente. Decimos con vergüenza, pues, en realidad para nosotros no es así, aunque no negamos que haya compañeros que se afilian para obtener un simple beneficio, como enviar sus hijos al Hogar Estudiantil, o acceder a un convenio de compras subsidiadas, el oportunismo es parte de la forma de ser de algunos.

Un administrativista diría que se alimenta y necesita retroalimentarse para alimentar nuevamente. Suena tan feo como se siente, pero para algunos es así.

Se trata de vivir para dar vida y así poder vivir a través de la vida de otro. Se trata de solidaridad, de la búsqueda de “la pública felicidad”. Eso tan anónimo e incomprendido cada día por más personas.

No somos mejores, ni iguales a aquellos que por efectuar una donación piensan que son mejores personas, somos algo bastante diferente.

Intentamos todos los días de actuar de acuerdo a lo que decimos y de estar en la primera fila para recibir el golpe que otros eluden, pero no pensando que nos hace mejores, sino con la única tranquilidad de que no será por nuestro inmovilismo que los poderosos seguirán explotando a nuestros compañeros y obviamente a nosotros y nuestras familias también.

Sabemos que para muchos es difícil entender cómo es posible que el nosotros este primero que el yo. No les culpamos, sino que tratamos de hacerles ver que existe otra forma de vivir que no es la de competir por aparentar ser y/o tener más. Existe otra forma de vivir en armonía con nuestros compañeros de trabajo y los trabajadores en general que no es la que nos propone la televisión, la economía de mercado, la competencia, el individualismo. Nadie es mejor que nadie por vestir mejor, o por tener el mejor auto. Nadie es mejor que nadie por ambicionar ser jefe o gerente. Seremos mejores cuando entendamos que somos en la medida que demos lo mejor de nosotros por los demás sin pedir nada a cambio. Seremos mejores cuando dejemos de participar en explotar a nuestros semejantes. Seremos mejores cuando no nos encandilemos con el escaparate de una tienda, repleta de ropa de marca o electrodomésticos de última generación. Seremos mejores cuando por lo menos se nos escape una sentida lágrima porque mueren diariamente miles de niños de hambre y nosotros podemos dormir tranquilos porque al menos cenamos. Seremos mejores cuando al menos se nos escape una sentida lágrima por aquellos que no tienen un trabajo y difícilmente podrán conseguirlo.

Seremos mejores de muchas formas, en nuestro fuero íntimo cada uno de nosotros lo sabe, pero obviamente diferentes a las que se nos venden diariamente.

Seremos diferentes cuando comprendamos que somos diferentes pero humanamente diferentes.

Comprendamos que cada día se nos obliga a confrontar entre nosotros. Comprendamos que la evaluación por desempeño es una forma de hacerlo.

Comprendamos que cada vez que se privilegia a alguien con una subrogación sin tomar en cuenta nuestros méritos lo que hace es dividirnos y enfrentarnos generando un privilegio.

Comprendamos que cuando no accedemos a una mejora salarial es porque alguien seguirá conservando el mismo margen de ganancia. Será el intocable de siempre. El mismo explotador de siempre, protegido por los administradores de turno.

Comprendamos que los diferentes pagos de la PCM son otra forma de buscar dividirnos. Que cuando le dan destajo o viáticos a los mismos compañeros y a otros en iguales circunstancias y condiciones laborales, se los deja de lado, también nos están dividiendo.

Ya dijo Artigas que “es muy veleidosa la probidad de los hombres”, y por ende lo que pretendía decir es que un revolucionario, una revolucionaria debía ser diferente y por tanto lo contrario.

¡Qué podemos hacer frente a la pérdida de valores que vemos cotidianamente!

Sólo una cosa: unirnos en la defensa de lo que siempre hemos sostenido y conservar los valores que aún mantenemos.

Una revolución no se hace desde el púlpito, como muchos pretenden, no se hace desde las palabras; una revolución son acciones y hechos concretos llevados adelante por personas íntegras y dispuestas a dar algo más, ése algo que aquellos, que han perdido los valores de la solidaridad, la igualdad, la fraternidad, desconocen, para la obtención de una sociedad más justa, donde no haya más diferencias que las que por naturaleza y virtudes tenemos.

Comprendamos que solos no podremos cambiar ni siquiera mínimamente estas cotidianidades.

Comprendamos que mientras haya compañeras y compañeros que se vendan al vil precio de sus necesidades nuestro trabajo se verá atacado y bajo el ojo de la lupa de multitudes.

Es algo muy profundo esto de la herramienta sindical, y se trata de no creérsela, se trata de cultivarla, de hacerla cada vez más sensible, más necesaria, más fuerte, más dinámica, más flexible y comprensiva hasta de lo incomprensible.

Se trata, compañeras y compañeros, de crecer con varios padres y madres, y con lo mejor de cada uno.

Se trata de dejar los oportunismos, las envidias… se trata de estar muy dentro para criticar, y de entender que hay otros y otras que están  muy por fuera para solo aprovechar lo que otros pueden lograr, sin siquiera contribuir en nada.

Se trata de entender que todos somos diferentes y que pensamos diferente, o que cuando nos acercamos tenemos  matices, por tanto se trata de tener la grandeza de ceder antes que el otro, sin reprochar si el resultado no es el que personalmente esperábamos, pero con la única satisfacción que el resultado fue el que buscamos juntos. En definitiva es el resultado de la construcción colectiva.

Quien puede decir que una madre o que un niño no es una prioridad social.  Y en esto no hay razas ni género. Pues bien con valores tan claros como el que emana del ejemplo anterior es que hacemos sindicalismo compañeras y compañeros, es sólo ahí donde todos sabemos que somos iguales y donde no tenemos dudas ante las prioridades.

El sindicato es el único lugar donde cuando te expresas eres escuchado y donde alzando tu mano decides por todos antes de decidir por ti, es el único lugar donde no te ocultas, donde eres quien eres y serás diferente sólo por el compañerismo, solidaridad, fraternidad y entrega por los demás que durante tu vida demuestres.

Se trata de mantener el sindicato en un ambiente de respeto por las diferencias y trabajar juntos por un futuro, desde una visión alternativa y en marco de igualdad.

Seguro ya habrás escuchado a algunos y algunas compañeras haciendo campaña en contra de la dirección sindical, denostando nombres y personas. Queremos que sepas que para nosotros eso no es sindicalismo y que también sepas que los ámbitos para discutir y cambiar existen, sólo que quienes atacan a la dirección no los utilizan.

En fin seguramente más adelante aparecerán más de estos “personeros”, pero no olvides que también muchos de ellos tienen su historia y no se hacen cargo de ella, como así también muchos actúan por designios externos al sindicato, lo hacen por política partidaria y camuflándose en la independencia de clase desde una concepción que no prodigan.

Mira a cuántos “compró” la Administración y después decide si les escuchas.

Cuando la administración elogia a una dirección sindical, o dice que pretende que ésta sea fuerte, es que las cosas andan mal en el sindicato.

Cuando la administración pretende sacar, anular, incomunicar, desprestigiar, e inmovilizar a una dirección sindical y en parte lo logra es porque muchos “personeros político partidarios” hacen lo suyo para que eso suceda es porque hay quienes carecen de principios.

Por lo anterior y más, ayúdanos a seguir cambiando el mundo, día a día, palmo a palmo, cabeza a cabeza, con sinceridad, integridad, honestidad, entrega y sin claudicar nunca, porque tú eres la razón de esta lucha, aunque hoy o ahora no te des cuenta.

Seguro seremos mejores, pero lo que es más seguro es que eso lo lograremos contigo.

Fraternalmente y con la mano extendida, ATSS te espera…

Víctor Gabriel Olmos

Presidente ATSS